“Niña, adolescente, los libros me salvaron de la desesperación; eso me ha persuadido de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.”

jueves, 19 de mayo de 2011

Hoy no fue un buen día. Los días no son ni buenos ni malos, pero hoy me permito tomar para mí ése clásico ademán mundano y calificarlo como me impera hacerlo: Hoy no fue un buen día.

Este blog no fue hecho para ser diario íntimo, tampoco para publicaciones del caracter de las que pululan en estos tiempos: reseñando toda serie de actividades que a nadie le interesa leer, más allá del morbo posmoderno de querer enterarnos de todo lo que el otro hace (aunque ésto implique rascarse el culo).

Gente, hoy no fue un buen día. Lo digo en serio. No me gustó dormir ni soñar ni hacer lo que hice hoy. Solamente me gustó la clase de danza de la tarde, porque la de la mañana no se dio, me gustó caminar ida y vuelta a mi casa, pero no las discusiones meridianas que tuve con G, me gustó ver a Fausto.

Razones me sobran para decir que estoy agotada. Sin embargo, de decirlo, nadie me creería. Aunque si miran atentos, ésto se nota --> me aburre tremendamente la Universidad (puedo sacarme notas elevadísimas sin asistir a una sola clase ni estudiar... ¿Qué clase de materias son las que curso?) me molestan ciertos compromisos partidarios (Quién me mando a aceptar una Secretaría y tomar la referencia de mi municipio) sólo quiero hacer la única cosa que me gusta hacer además de amar a G: bailar.

Y me duele decirlo. Porque es demasiado doloroso saber y entender cómo todo este tiempo pude camuflar mi verdadero ser y receptar todo lo que los demás demandaban de mí, sin ser yo lo que en realidad quería.

¿Qué me gustaría ahora? No ir más a la Universidad. Hacer Ballet, escribir, ir a las clases de Norberto (ésas eran clases) viajar con G.
Todo esto está sujeto a cambios irrelevantes, pero la matriz es ésa. Exactamente la matriz a la que nunca me replegué. Justamente, es que siempre me han enseñado a no seguir al corazón... Eso que llaman corazón, es uno mismo. Siempre termino obedeciéndome, pero doy más vueltas. Ganas de putear que tengo hoy.

Qué más decir. Hoy no fue un buen día.

1 comentario:

P dijo...

Pues no diga más, que con lo dicho basta. Sin embargo, el corazón, o el espíritu, o la escencia (vanos intentos de describir eso que supuestamente es uno, aunque Nietsche diga que un ser no es uno sino la conjunción de muchos) se hacen oír. Para ello sólo hace falta el silencio, un bien difícil en nuestro mundo. Un buen fernet, le juro, ayuda a despejar unas cuantas voces y hacer espacio.
Salud!

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