“Niña, adolescente, los libros me salvaron de la desesperación; eso me ha persuadido de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.”

miércoles, 9 de septiembre de 2009




Me exilié contigo
En una noche porteña
¿Lo recuerdas, con el dosel blanco?
Caminando, ratoneando,
Rebalsando de placer,
Delirando con las miradas entornadas,
Y extravíos del querer…
Haciendo ruidos con los tacos
Por las veredas iluminadas,
Y enriqueciendo fauces
Con aroma a tabaco carcelario.
Qué bonitos besos,
Qué perfecto adiós…
Qué irreductible el inventario del dolor…!
Y la esquina de Corrientes,
y el maldito estafador…
Jugando a los dados, perdiste la primera moción…
Una cena a la luz de las velas,
Una noche en el hostel,
Entre sábanas quimeras y atardecer de miel,
La mañana descubriendo el rocío entre mi piel…

¿Lo recuerdas, como el frío al amanecer?


Desteje tus mentiras, niño,
Niño deshecho en arte de caballete,
El ovillo se hace grande y el hilado se entorpece,
Ronroneando algunos versos que te hagan renacer
No te ocultes en mis piernas, que hasta yo te puedo ver…!
Pero el invierno no resiste sus ansias de tormento,
El crepúsculo incruento te desviste para mí,
Nuevos exilios llegan, la libertad es el cielo más despejado,
Bocanadas de nicotina y anís, recuerdos enlutados,
Discos viejos, Gauloises, hotel Chelsea y uñas pintadas,

¿Lo imaginas, con mi perfume de arrabal y tus puños arremangados?




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