“Niña, adolescente, los libros me salvaron de la desesperación; eso me ha persuadido de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.”

miércoles, 5 de agosto de 2009



N quería desaparecer, N sentía ganas de morir.

Y cuando N siente ganas de morir, es tan sólo una exageración de una constante y subyacente angustia.
N de Nostalgia, N de negación, N de algo gris que se viste de todos colores dentro de un ayer y un hoy que fluctúan de tal forma que son falciformes.
Algo se anida en el pozo. En el pozo, que es su alma, y que cada tanto se llena de agua y rebalsa sacando a flote sedimentos. Sedimentos grises, verdes, feos y asquerosos, pero que la ponen a pensar. En medio de la misma nauseabunda repetición del pasado N navega buscando una isla en la cual desembarcar, con todos sus libros, sus películas, la música y las fotografías, las zapatillas de baile y el vestido negro, las pantimedias y las cartas, las fotos (hasta las que están sin sacar).
Y cuando N piensa, de vez en cuando, concluye con alguna nueva búsqueda importante. Algún nuevo abismo por atravesar.
Y el que busca, encuentra, aunque ese encuentro se valga de ilusiones ópticas y espejismos que uno mismo puso en el camino como para adornar las calles sin asfalto. Aunque en la búsqueda uno pierda conciencia y hasta cordura, como dejándose absorver el espíritu por alguna suerte de Dios secante.
Pero N no se equivoca cuando sigue a su corazón, cuando se abriga de su espíritu, sin importar nada ni nadie. Porque se atreve a vivir lo que su ser le exige que debe ser vivido. N de nato, N de Nacimiento, N de Navidad, N de Naturaleza, N de Noticia (siempre nueva y siempre atrayente). N de Nunca digas Nunca y de No Niegues tu Naturaleza.
Entonces N se lanzó a la búsqueda de las emociones perdidas. Como el reír sin dolor y el desasosiego sufrido en compañía. Buscó en mil rostros distintos como para hacerse un retrato del yo perdido, y experimentó en diversas sábanas, con diversas ambiciones, con un sin número de proyecciones futuras y un millón de falsos comentarios o hasta de verdaderos.
Entre tantos rostros se encariñó con muchos de ellos, e inevitablemente reconoció facciones símilares a las de ella. Facciones llenas de luces y sombras tan contrastantes como la noche y el día, que exhiben experiencia desmedida y no necesariamente expresada en años. Se enamoró de unos cuantos rostros, y admiró hasta la envidia otros cuantos otros.
Entre tantas sábanas aprendió los trucos del amor y de la mentira, del sexo disfrazado y de la ponzoña del mismo amante. Descubrió como hacer arte con caricias y arabescos con el cuerpo, a que rasjuñar no siginifca agredir cuando es el torso del amante el blanco de la agresividad placentera. Conoció maneras y desdibujó esperanzas, perdida entre sábanas de diversos colores encontró pasajes que en verdad le gustaban. Hasta su cuerpo mismo se fusionó en varios instantes con las notas más altas de la música de fondo.

Tuvo tantas ambiciones que algunas hasta se hicieron reales. Conoció médicos, políticos, lectores, escritores, músicos, madres, padres, amigos, maestros, profesores, alumnos, aficionados, fotógrafos, pintores, dibujantes, transeúntes de toda vida y estirpe... Tuvo tantas ambiciones que perdió varios sueños y lo notó antes de abandonarlos, gracias al miedo y al terror que inmovilizaron su pérdida pronta y a la alerta de todos aquéllos con los que chocó en el camino.
Tuvo un sinnúmero de proyecciones futuras, obviando el instante presente, hasta obtener un inventario de todo lo que tendría mañana... Y finalizar con una gran lista de todo lo que no hbaía hecho hoy y lo que desperdiciaba. También lo notó velozmente, a tiempo para recuperar el tiempo perdido, aunque siempre hay un instante que huyó sin motivo y robó el corazón de alguien más como para atesorar una joya contemporánea del amor y vestirla de vez en vez bajo los candelabros o guardarlo en llevarlo en algún camafeo.
Comentó y comentó todo lo que quizo comentar, pero conservó para sí importantes palabras que hoy sólo desea gritar. Gritar a viva voz y no importa si a favor o en contra de la rosa de los vientos. Sólo gritar. N quiere gritar, y no siempre grita, pero aunque sea susurra verdades.
Al regreso de su viaje se encontró consigo misma, una N algo perdida pero apunto de entender. Necesitaba entender, N siempre necesita entender. Pero a veces entiende todo tan rápido ques e pierde la emoción del proceso. Era eso lo que necesitaba recuperar. Equivocarse enseña, pero para equivocarse hay que arriesgarse más ¿desde cuándo N aficionada a los eguro? descubrió que era más débil de lo que creía y más prejuiciosa de lo que jamás imaginaría, y se rió a carcajadas de sí. Y decidió lanzar la armadura al vacío, El arte de la guerra que leyó de pequeña ya no tenía tanto sentido. Porque ahora no era guerra lo que buscaría, simplemente caminos. Y si uno estaba mal, probaría otro, nadie podría decir nada, nadie podría esquivar sus pasos (que aunque errantes alguna vez) dejarían un rastro valorativo. No dañaría a nadie siendo como era, siendo distinta y complicada pero enamorada de las letras. N estaba enamorada de las Letras. N vociferaba y exhalaba letras en cada acto de su vida, como para dar marco a lo que merece ser vivido. Para vivir, N requería Letras. N requería crear, crear e inventar, reinventarse a sí misma N requería vivir todo lo que escribía. N lo descubrió, pero siempre sigue buscando.



4 comentarios:

Carolina Belén dijo...

Dios, es muy bueno lo qe escribis! Es genial encontrar a alguien aficionado a la escritura como lo soy yo. Me alegra haber encontrado tu blog. Un beso, seguiré leyendo las proximas publicaciones.

Anónimo dijo...

Realmente, excelente texto. Una mano maestra, te felicito.

Vesper dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gisel dijo...

exquisito... me encanta lo q escribis.

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