“Niña, adolescente, los libros me salvaron de la desesperación; eso me ha persuadido de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.”

martes, 28 de septiembre de 2010

Escucho que te acercas. Son tus pies pisando el suelo frío, de la habitación vacía.
Pasmada por el sueño, sumida en el letargo, escondida entre las sábanas ¿Me vendrás a buscar?
Allí donde el Silencio repica hasta crear a través de ondas expansivas una caricia que desfigura.
Escucho que estás. Porque hay una nota en especial, que salta a mis oídos, cuando te siento venir.
Pero no me muevo, será que acaso espero que me muevas con tus manos. No me gusta escaparme, pero me gusta retar al tiempo, me gusta desafiarte entre cada círculo de besos insurrectos horadando el campo de batalla en el que se me consume la voz con cada grito (cual imprecación de walkyria)
No me interesa más.
Te espero.
Aquí estás.



N.

1 comentario:

G. dijo...

No esperes más mi amor, ya estoy acá, con vos, juntos, por siempre.
Y estas escuetas palabras no podrán nunca jamás alcanzar tu excelsia perfección. Destilás armonía, tranquilidad, amor, pasión, erotismo y trascendencia; destilás todo, y de ese proceso surgen las más hermosas líneas jamás escritas.
Es pegarse al vidrio de la ventana del living y mirar hacia afuera. Sentir que uno no esta solo mientras la lluvía cae sin reparos sobre el techo de los autos mal estacionados sobre la parcela de cemento que alguna vez supo deducir mi nombre de entre sus rajaduras. Miro hacia afuera y no te veo, mi amor, porque ya estás aquí, conmigo. Juntos. Por siempre.

Te amo.

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